Llamados por su nombre

Alfa y Omega nº 919, 5 de marzo de 2015

«Qué alegría produce al ser humano que le llamen por su nombre. Es reconocer su dignidad». Lo dijo monseñor Carlos Osoro al recordar un encuentro con una joven rumana que pedía a la puerta de un templo. Cuando él le preguntó su nombre, ella respondió: «Gracias. Nunca me habían preguntado cómo me llamo».

El arzobispo de Madrid contó esta experiencia en la Misa que presidió el domingo en la iglesia de Los Jerónimos por todas las personas sin hogar de la ciudad, y en memoria de las que fallecieron en la calle. Juan Ángel Bautista, Carmelo Lozano, Teresa Toribio, Tito, Florencia García… y otros, todos amigos de la Comunidad de San Egidio, estuvieron en la celebración. San Egidio les conoce por sus nombres; cada Navidad, les prepara un regalo, siempre con una etiqueta personalizada. «Si nadie les nombra, es como si no existieran», dice la responsable de la entidad en Madrid, Tíscar Espigares. Por eso, porque existen, ella conoce el nombre de todos sus amigos sin hogar de Madrid.
Nombres también como el de Willy Herteleer, el hombre sin techo enterrado hace unos días en el Cementerio Teutónico del Vaticano, entre príncipes alemanes, gracias a los muchos amigos que había hecho en los alrededores de la Plaza de San Pedro, como el párroco de Santa Ana, Bruno Silvestrini; monseñor Amerigo Ciani, canónigo de la basílica de San Pedro, que solía regalarle naranjas, o el periodista Paul Badde, vaticanista alemán de referencia. Ellos sí sabían su nombre. Le veían en Misa cada día, y cómo, en la calle, rezaba por todos y les animaba a confesarse. Iba a asearse al mismo hospital donde murió el 12 de diciembre. Un día, sus amigos le echaron de menos. Le encontraron en la morgue, y organizaron el entierro. La prensa de todo el mundo se ha interesado por su funeral. Su nombre ha quedado grabado en una lápida, con la esperanza de que nadie en la Ciudad Eterna olvide nunca su nombre. Sus amigos esperan que esté en brazos de Aquel que lo llamó por su nombre desde el principio.

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